03/09/2013

Ecos traídos por el Iter

Escucho a una mujer. Está hablando a unos pocos centímetros de mí. Le habla a su teléfono, es todo lo que puedo ver. No comprendo el idioma en que se expresa. Ni lo identifico. Partes me llegan a través del cuentagotas de los susurros. Mientras leo

                 En la palma de una mano
ficticia,
            flor
ni vista ni pensada:
                              oída,
aparece
            amarillo
cáliz de consonantes y vocales
incendiadas.


Otros cuerpos se aproximan. Sus gargantas árabes puedo ver ahora diseñando sonidos en el aire. 
En la lejana lengua de Angelopoulos otra mujer inicia un diálogo, su sonoridad desprende olor a mar mediterráneo y a faros alejandrinos. 
Más que extrañarme algo de todo esto, confirmo que estoy en casa. No sé si es la casa del ser, es donde recuesto la cabeza cada noche y mis sueños se pueblan con los ecos de todo lo que el día incomprensible ha dispuesto para mí. Mi casa es donde sueño. Un sueño en imágenes salidas de los jardines colgantes de Babilonia.

01/09/2013

La realidad en el sueño

Reality is for those who can not sustain the dream
Slavoj Žižek

Abro los ojos. Dos puntos arquimedianos. Dos medios en un centro inconsistente. Abro los ojos de párpado en párpado. Comienzo a soñar. A ojo lavado. A pura luz. Cosas extrañas comienzan a suceder. La propia sucesión como cosa primera. Existe el tiempo, una cosa sigue a la otra, parece existir un orden establecido. Una historia. La histeria. Barbarie civil. Civil barbaridad. Todo orquestado. El caos como director batuta en ristre. La única palabra que me duele es nostalgia. Tiene incrustado el peso del dolor y de todo, que es lejano. Las primeras armas se transforman en flechas y lanzas, los primeros gestos en palabras y en insultos, luego en ley y en taxonomías. Veo mi cuerpo alejándose de mí con agitada parsimonia. No hay dirección donde la piel encuentre su ungüento balsámico. El dolor de la ausencia no se mide por la intensidad, se mide por la inmensidad que seca el hueso con marítima sal. Más allá de lo visible, más allá de lo medicinal. Después de los primeros balbuceos los metales se transforman, el lenguaje se vuelve cada vez más sofisticado, y el ser humano comienza a matarse cada vez a mayor distancia. Las vías para producir dolor son cada vez menos violentas para el ejecutor, encender una mecha, apretar un botón, jalar un gatillo. Olvidar el lente de aumento para ver el ojo vivo transformándose en objeto inanimado. Los idiomas se dispersan en torno a una torre y las muchedumbres se reparten el mundo. El otro comienza a volverse insoportable. Veo cómo el lenguaje muta en gramática e inventa teorías y divide por niveles a las poblaciones, desde un humanos demasiado humanos hasta Untermenschen o perros de dos piernas. Las matemáticas se yerguen para proteger la propiedad privada y se unen al idioma para decir yo, tú, mío y tuyo. El resto es guerra sin cuartel. En la soledad me miro en el espejo, la reflexión es mi única tierra, esa imaginación duplicada de lo que no fue, ni es, ni será. Escapo a la mirada que me busca y el rostro me resulta entonces esquivo. El diálogo es imposible y estrecharse la mano aun menos. La primera gran idea que inventa el idioma es la del orden. El avance que se manifiesta en la sucesión deja pocos ejemplos para tal cosa, en todo caso únicamente la violencia, la agresión, la sangre desparramada, el llanto, el hambre, la búsqueda de poder insaciable. Todo sumergido en un caos cada vez mayor a medida que el lenguaje luce cada vez más profesional. El ser que se interroga a sí mismo ha olvidado la pregunta por el ser, ha olvidado que se interroga y ha preferido renegar de algo que sea sí mismo. Cuando giro veo mi espalda, mi espalda reflejada en el espejo, igual que en un cuadro. Nada tiene respeto por las formas, escucho al espacio y al tiempo riendo al unísono y en el mismo lugar. Las cosas cambian de lugar y de perspectiva antes de que pueda pensar en imposibilidades. Ya todo es posible. Desde un punto cada vez más pequeño, cada vez trazado con una punta de lápiz más fino veo cómo el universo blanco de la hoja todo lo engulle, comida, plantas, animales y hasta seres humanos. No hay límite. Saturno no tiene quien lo destripe ya. Cronos es una marca que no mide el tiempo sino el capital. La infancia obligada a perder su inocencia en nombre del desarrollo, que bien puede ser otro término para la tristeza y la insatisfacción. Las máquinas para descuartizar al ser humano, no para liberarlo del arduo jornal ni para sustituirlo. Veo la revolución, ya así, con minúscula. La bandera que flamea desprende manchas de sangre, la igualdad está en la muerte, la fraternidad ha puesto un banco y la hermandad es un incesto. En la habitación la ventana se muestra como el contacto con el mundo. Permito entrar la luz pero me alejo de ella. Quiero al sol para mi soledad. Los rastros de mi cuerpo terminan en las arterias de mi incomprensión. Esta es mi sangre. Bombea y sacude a mi corazón que pide un respiro. Es un grito intermitente y sordo. La diferencia es ridícula. Todo es diferente a todo, pero en nombre de su inexistente contraria la igualdad se elevan estatuas a la libertad que hacen olvidar masacres. La libertad es, mirando a su artículo, una mujer violada y sodomizada que lleva los ojos vendados porque sus captores la conducen sin querer ser identificados. Los gritos de las víctimas se oyen detrás de los cristales, llegan desde todas las partes de la historia, hasta desde las más remotas. Las paredes que me contienen ofician de tapones para los oídos. Es la única forma de poder escribir. Cierro las cortinas de la que da al noreste, evito la columna de humo, la que conduce a la tumba en el cielo ceniza. Cierro la que da el noreste, donde fríos siberianos se encargan de dar muerte natural a sus visitantes. Cierro la que da al sur, centro de experimentaciones con personas que no se cuestionan a sí mismas ni tienen tiempo de reflexionar sobre la muerte porque está humanamente declarado que no les está permitido percatarse de ese detalle y por eso no saben que son personas, conejillos de indias de la salud en la sociedad del bien-estar, cuna de riquezas que adornan los más estilizados cuellos a base de estiletes. Me pierdo en los meandros de mi propia memoria, que está llena de miradas al futuro, esa fantasía irrealizable, ese plan B sin puerta de salida de emergencia. Mi escritorio es el lecho de mi escribiente mano, único resguardo en todo este sueño. Aparatos radiofónicos representan la extensión de la metamorfosis del lenguaje. Traen todo tipo de nuevas, las de los nuevos métodos para infligir dolor, la información de las bombas sin la molestia del estruendo, la doxa permanente que la corbata bien anudada produce gracias a la afasia inducida a masas de pobres seres que nadie quiere escuchar y mucho menos entender desde un diván, niños corriendo desnudos por calles en medio de la selva mientras sus madres son violadas, aldeas inoculadas con bacilos en nombre del bien general y del progreso, el orden vigilando que cada cosa esté en su correcto lugar con el dólar y el garrote de neutrones o el reactor atómico al alcance de la mano. Veo una foto. En la foto no estoy solo. Las figuras son difusas. Esqueléticas representaciones de una palabra que parece querer decir pasado. El pasado como representación del futuro nunca materializado, como palabra que encierra lo que nunca tendrá lugar. El peñón inaccesible que ilustra la presencia del abismo y del más allá. La suave brisa primaveral toca con sus dedos los transparentes límites que dibuja la ventana, la única que permanece sin cubrir. Abro la ventana de par en par. Cuando la abro toda la pesadilla intenta entrar a empujones disfrazados de palabras biensonantes y muy educadas. Después de siglos de este extraño sueño el olor es insoportable e inocultable. La pestilencia se ha vuelto resistente a todo intento de camuflaje. La muerte está en cada instante y en cada partícula. Empujo las hojas y me siento antes el escritorio. Me sumerjo en el sillón, y entonces, cierro los ojos y me dejo dormir, me dejo dormir profundamente para entrar por fin en la única realidad a la que se puede sobrevivir. Esa en la que no existe función alguna para esa guillotina que llamamos reloj. Esa en la que sólo se puede entrar con los párpados cerrados de ojo en ojo. La realidad en el sueño.

11/08/2013

Ley de ingravidez

Busco la palabra ingrávida. No la etérea. No quiero alimentar el exceso de equipaje del viento, que se la lleva, que la sopla, que se divierte a placer con su leve profundidad, que la hace saltar de rama en rama, que la hace perder en la curva más lejana del mar, que la esconde en el rincón más ciego de la memoria.
Busco la palabra manzana que se atraganta en la nuez de Isaac, que quiere salir y volar más allá de su copa buscando fijarse al aire en movimiento que peina la bordada nada celeste. Como un escalador clavada al gris promontorio de las distintas formaciones, no la quiero bordeando el fácil camino de la cumulonimbus, la quiero arriesgada, comenzando por una stratus, aprovechándose de una desprevenida cumulus y saltando a una stratocumulus, dejándose mojar por los clavos líquidos que desprende la nimbostratus, sorteando como quien cruza por el vado de un río dando saltos a través de piedras japonesas cada una de las altocumulus hasta llegar al valle de la altostratus, para darse al descanso en la superficie de la panza de algún cirrus perdido en las alturas donde no moran los hombres. La palabra proyectada lejos de la tierra, la palabra rebelde que contradice leyes físicas y reglas de tráfico, la que hace presión en su sueño de Ícaro por ir en dirección a la incandescente ionosfera, se posiciona en órbita y gira anclada en esa especular superficie de mármol gaseoso que observa a la tierra con rostro ceñudo y cambiante viendo cómo la palabra que queda atrás suspendida en el ahora abismo muere de insignificancia, de incomprensión, de sinsentido y de babélica soledad. 
Busco no la palabra mitológica ni la palabra escrita que quiere descansar y pasearse sobre el plácido y terrenal papel. Busco la tormenta, el tornado y el desconcierto, la palabra grave que se ríe de la gravidez. Busco la palabra ingrávida. La palabra no pensada, no dicha y no escrita. La palabra imposible.

02/08/2013

Ser y no ser

La propia existencia de la letra marca su límite. Toda ella es frontera y es el material con el que voy a trabajar. Soy consciente de ello y me inspira la idea de que en su propio límite visual se manifiesta la ilimitada posibilidad de su interpretación. Sea un texto reductible a una única forma de entenderlo para considerarlo muerto desde su propia concepción. Ahí donde comienza a desplegar sus alas la labor hermenéutica comienza el camino de salvación de cualquier conjunto de signos. El resto será cuestión de tomar unas copas, o será silencio, o será o no será. Al final no hacen falta diez mandamientos, con uno alcanza y como ejemplo puede recordarse el de William Faulkner: "Read, read, read. Read everything - trash, classics, good and bad, and see how they do it. Just like a carpenter who works as an apprentice and studies the master. Read! You'll absorb it. Then write. If it's good, you'll find out. If it's not, throw it out of the window."

01/08/2013

Le métèque / El meteco

Tengo la convicción, no sé si fuerte pero convicción al fin y al cabo, de que cada tema, cada pasión, cada fijación o cada obsesión tiene su música y / o su canción. Así que fue fácil en este caso porque en el mundo no hay casualidades y mientras pensaba la palabra meteco solas aparecieron la melodía y los susurros de la canción de Georges Moustaki. No sé si la música creó este espacio o el espacio fue primero, pero esto sólo entra en el universo de la anécdota o del interés para aquellos que en vez de contar ovejas cuando van a dormir comienzan a preguntarse si fue primero el huevo o la gallina. El asunto es que acá está, Le Métèque me acompañará en esta travesía donde ser extranjero es una cuestión ontológica. Y a la lectora o lector que te toque ser, pues también, porque como ya se ha dicho antes, todos somos extranjeros. Esta bella chanson será entonces santo y seña, o si se quiere, banda sonora y compañera de ruta en este deambular infatigable e intempestivo que responde al extraterritorial nombre de Territorio Meteco. Queda así desterrada la palabra himno por ser acusada y hallada culpable de invitar a la falsa creencia que nace de ese opio de los pueblos que es el nacionalismo. No hay casualidad tampoco en que el autor y compositor de la canción sea Georges Moustaki, ese griego nacido en la ciudad de Kavafis y de esa enloquecedora mujer que era Justine, ese griego que luego se asentara en París, ciudad alemana por un par de años. Yo, raigambre griega y proveniente de esa otra melancólica Alejandría rioplatense, yo, hoy, entre esas dos luces llamadas París y Atenas.

Le Métèque                                                       El meteco

Avec ma gueule de métèque,                           Con mi cara de extranjero
De Juif errant, de pâtre grec                            De judío errante, de pastor griego
Et mes cheveux aux quatre vents,                   Y mis cabellos a los cuatro vientos
Avec mes yeux tout délavés                            Con mis ojos totalmente abiertos
Qui me donnent l'air de rêver,                         Que me dan un aire de soñador
Moi qui ne rêve plus souvent,                         Que nunca sueña muy a menudo
Avec mes mains de maraudeur,                       Con mis manos de ladrón
de musicien et de rôdeur                                  De músico y de merodeador
Qui ont pillé tant de jardins,                            Que han pillado en muchos jardines
Avec ma bouche qui a bu,                               Con mi boca que ha bebido
Qui a embrassé et mordu                                 Que ha besado y ha mordido
Sans jamais assouvir sa faim...                        Sin jamás saciar su hambre
Avec ma gueule de métèque,                           Con mi cara de extranjero
De Juif errant, de pâtre grec,                           De judío errante, de pastor griego
De voleur et de vagabond,                               De ladrón y de vagabundo
Avec ma peau qui s'est frottée                         Con mi piel que se ha restregado
Au soleil de tous les étés                                 Al sol de todos los veranos
Et tout ce qui portait jupon,                             Y (con) todo lo que llevaba enaguas
Avec mon coeur qui a su faire                         Con mi corazón que ha sabido hacer
Souffrir autant qu'il a souffert                         Sufrir mucho a quien ha sufrido
Sans pour cela faire d'histoires,                       Sin por ello hacer historias
Avec mon âme qui n'a plus                              Con mi alma que no tiene más
La moindre chance de salut                             La mínima posibilidad de salvación
Pour éviter le purgatoire...                               Para evitar el purgatorio
Avec ma gueule de métèque,                           Con mi cara de extranjero
De Juif errant, de pâtre grec                            De judío errante, de pastor griego
Et mes cheveux aux quatre vents,                   Y mis cabellos a los cuatro vientos
Je viendrai, ma douce captive,                        Yo vendré, mi dulce cautiva
Mon âme soeur, ma source vive,                     Mi alma gemela, mi fuente viva
Je viendrai boire tes vingt ans                         Vendré a beber tus veinte años
Et je serai Prince de sang,                               Y seré un príncipe legítimo
Rêveur ou bien adolescent,                             Un soñador o bien un adolescente
Comme il te plaira de choisir;                         Como el que tú quieras escoger
Et nous ferons de chaque jour                         Y haremos de cada día
Toute une éternité d'amour                              Toda una eternidad de amor
Que nous vivrons à en mourir.                        
Que viviremos a morir
Et nous ferons de chaque jour                          Y haremos de cada día
Toute une éternité d'amour                               Toda una eternidad de amor
Que nous vivrons à en mourir.                        
Que viviremos a morir