22/02/2014

Mercedes, por ejemplo.



Montevideo. Algún día hace tiempo. Escucho hablar sobre Ayax, por ejemplo.

In den Buchläden stapeln sich                                     En las librerías se apilan
Die Bestseller Literatur für Idioten                             los best-sellers de literatura para idiotas
Denen das Fernsehn nicht genügt                                a los que la tele les resulta insuficiente

Berlín. Un poco antes, la corona rota, la estrella de Mercedes haciendo de compañía giratoria.

Im Hotel in Berlin in unwirklicher Hauptstadt         En el hotel en Berlín en la irreal capital
Mein Blick aus dem Fenster fällt                                   mi mirada a través de la ventana cae
Auf den Mercedesstern                                                    sobre la estrella de Mercedes
Der sich im Nachthimmel dreht melancholisch         que melancólica gira en el cielo nocturno
Über dem Zahngold von Auschwitz und andere Filialen   sobre el oro de los dientes de Auschwitz y  otras sucursales

Montevideo. Ayax aparece sobre el escenario, o Heiner. Está escondido como la carta robada delante del público entrante. Habla de la estrella de Mercedes en Berlín, y sólo así puedo entender, después de haber estado frente a ella, de ver la corona rota, el recuerdo de la tragedia. La tragedia ha muerto, por ejemplo.

Berlín. Años después. La corona rota sigue ostentando la parte que le falta y la estrella de Mercedes sigue girando impertérrita a pocos metros. Debajo Ku'damm con sus comercios y su bullicio y su tráfico en hora pico. La memoria no existe, por ejemplo.

Montevideo. El actor en clave atlética sigue un ritmo, el del poema y el de la música

New             No                     New                        
Age              Advanced          Ambient
Motor          Music                Machine 
New             No                     New
Age              Advanced          Ambient
Motor          Music                Machine
                NNNAAAMMM

Montevideo/Berlín. No importa el lugar. Los decorados conmemorativos están diseñados para el placentero olvido de la conciencia tranquila y el deber cumplido. Sobre el escenario miles de actores y actrices, una coreografía sangrienta sin sangre a la vista, sólo en las venas y en las arterias. Todo bajo la piel. Todo bajo control. La música obliga al ritmo atlético de las masas. Uno, dos, uno, dos.

Welcome to electro-smog therapy                             Bienvenidos a la terapia de electro-smog
Monsieur Guillotin and the democratic machine.     
El señor Guillotin y la máquina democrática.

Das Lied schläft in der Maschine                               La canción duerme en la máquina
Das Lied schläft in der Maschine                               La canción duerme en la máquina
Das Lied schläft in der Maschine                               La canción duerme en la máquina
Das Lied schläft in der Maschine                               La canción duerme en la máquina
In der Maschine schläft das Lied                               La canción duerme en la máquina
Das Lied schläft in der Maschine                               La canción duerme en la máquina
In der Maschine schläft das Lied                                En la máquina duerme la canción
Das Lied schläft in der Maschine                               La canción duerme en la máquina
Maschine träumt das Lied                                          Máquina sueña la canción
Maschine Maschine Maschine Maschine...                Máquina máquina máquina máquina...

Berlín/Montevideo. Hace años. Una obra. Un actor. Un poema. Heiner Müller, por ejemplo. Ayax, engañado. Una y otra vez. La historia, ese otro nombre para la amnesia. Especialista en engaños y en ironías. Una música, una canción. Einstürzende Neubauten. Las nuevas construcciones se caen a pedazos. Desde entonces, Ayax me acompaña bajo el firmamento. Cuando me encuentro con la estrella de Mercedes, por ejemplo.

Nachdenkend über die Möglichkeit                    Pensativo sobre la posibilidad
Eine Tragödie zu schreiben                                  de escribir una tragedia

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[Ajax, zum Beispiel: poema de Heiner Müller. Adaptación teatral en Montevideo: Mariana Percovich, año 2000. Música: NNNAAAMMM, de Einstürzende Neubauten. En la foto: Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche / Iglesia Memorial Emperador Guillermo]


19/02/2014

M & E



Marx y Engels
dirección Unter den Linden
Karl-Liebknecht-Str.
corre a un lado
Marx y Engels
embalsamados en bronce
mirando hacia el Oeste
de espaldas a 1917
Marx y Engels
vislumbrando el paraíso comercial
los museos a tiro de piedra
dejándose fotografiar
una dos mil veces
Marx y Engels
el souvenir perfecto
entre los árboles
bajo la nieve
y las cagadas de las palomas
Marx y Engels
uno sentado
el otro de pie
separados
uno al lado del otro
a kilómetros de distancia
Marx y Engels
en pleno centro
en Mitte
vislumbrando el infinito
detrás de decimonónicas barbas
y metálicos ojos
Marx y Engels
sus hombros bajo la levita
lucen cansados


01/02/2014

Rosa-Luxemburg-Platz



¿Cuántos nombres tendrá tu plaza, Rosa?
Buscabas la paz. La violencia y la guerra fue siempre detrás de ti. ¿Están tus restos donde dicen que están tus restos?
Ahí está tu plaza, un triángulo.

Endlich müssen alle Arbeiter und Arbeiterinnen im Alter -nach dem 60. Lebensjahr- eine Lebensrente erhalten, die ihnen wenigstens eine leidliche Möglichkeit bietet, ohne Elend mit der Familie zu leben.

Las placas en el suelo recuerdan tus palabras. Leerlas puede ser peligroso, están dispuestas de tal forma que comienzan en la acera y terminan sobre la calzada. Al menos dos vehículos hacen sonar sus cláxones espantados ante la  intempestiva hora de lectura.

Eine Revolution kann auch in kulturellen Formen verlaufen, und wenn je dazu Aussicht hatte, so ist es gerade die proletarische, denn wir sind die letzten, die zu Gewaltmitteln greifen, die eine brutale Revolution herbeiwünschen könnten.

Como señales para reconocer el camino de regreso a casa las placas respetan el perímetro del triángulo que es la Rosa-Luxemburg-Platz.

Rosa, te oponías a la guerra, y por eso pagaste con la cárcel. Eras polaca. Eras judía. Eras espartana. Eras comunista. Eras la fundadora del partido comunista polaco. Del partido comunista alemán. Eras abogada. Eras una mujer que pensaba, que escribía y que lideraba. ¿Cuál habrá sido considerado tu más grave delito?

La injusticia obró con la mano propia de los Freikorps, que te dio un culatazo y luego un disparo en la cabeza. Te arrojó al canal de Landwehr. Sus aguas bañan en paralelo al Spree a la ciudad de Berlín. Tu cuerpo fue encontrado meses después. Ahora las aguas de Berlín sean tal vez Rosa, la que quisieron desaparecer. Al igual que tu plaza, que tiene curiosos antepasados como nombre. Fue Babelsberger, nombre del castillo que Friedrich Wilhelm III. regalara a su hijo, futuro Emperador Wilhelm I. Fue Bülow, príncipe y diplomático. Fue Horst-Wessel, mártir del nacionalsocialismo que hubieras combatido en vida. Fue Liebknecht, tu compañero, también asesinado a sangre fría por las mismas manos que te quitaron la vida. Fuiste tú misma sin nombre, sólo Luxemburg, cosa que se confundía con el nombre de cierto país. Finalmente, fuiste y eres tú con nombre y apellido, siempre y cuando las voces que se oponen no se hagan más fuertes.

Plaza Rosa Luxemburg. Así desde 1969. Nació la plaza con tu nombre del otro lado del muro. Ahora caído, falta ver cuánto falta para que te borren del mapa.

Ich dachte mir damals, dass die Venus von Milo am Ende nur deshalb ihre Reputation als Schönste der Frauen durch Jahrhunderte hat bewahren können, weil sie schweigt. Würde sie den Mund auftun, wäre vielleicht der ganze Charme zum Teufel.

Bajo la plaza corre la línea 2 de metro, que llega a Alexanderplatz. Sobre uno de los lados de la plaza se erige el teatro Volksbühne [Escenario del pueblo]. Allí estrenó Rainer Werner Fassbinder su adaptación de Berlín Alexanderplatz de Döblin. Allí obra de intendente Franz Castorf provocando al público alemán. Enfrente hay un café. Su nombre es, Luxemburg.

Es darf keine Pflichten ohne Rechte geben, wie es auch keine Rechte ohne Pflichten geben darf. Da alle Menschen Pflichten gegenüber dem Staat haben, so müssen sie auch im Staat Rechte besitzen, und vor allem das Hauptrecht -an den Parlaments-...wahlen teilzunehmen.


23/01/2014

The horror! The horror!

Denkmal für die ermordeten Juden Europas o Monumento a los Judíos de Europa Asesinados.
Desde un rincón observo estelas de concreto cubriendo miles de metros cuadrados. Su color ceniza no casual. Las palabras de Mr. Kurtz resuenan en mi cabeza:

The horror! The horror!

De camino minutos antes el muy pequeño en comparación Monumento a los Gitanos Asesinados durante el Nacionalsocialismo. Tiergarten. Árboles. Un blanco Monumento a Goethe. Un bloque monolítico que parece salido de 2001 Odisea del Espacio como Monumento a los Homosexuales Perseguidos por el Nacionalsocialismo. Las primeras preguntas: ¿Por qué tres comunidades cada una con su monumento? ¿Por qué uno ocupa toda una plaza con sus miles de metros cuadrados y los otros dos están perdidos en un parque?

Orwell, siempre Orwell. All animals are equal, but some animals are more equal than others.

Entre el bello monumento a Goethe y el en recuerdo a los judíos asesinados de Europa, una avenida. La acera es amplia del lado del parque. Una manifestación tiene lugar allí. Creo que la tercera o cuarta en el mismo día desde donde Unter den Linden (la avenidad Bajo los tilos) termina en la Puerta de Brandenburgo, estos es, a unos 300 metros. Esta reclama democracia en Irán. Los participantes parecen ser casi en un cien por ciento iraníes. Por los parlantes resuenan los gritos en persa. La gente trona con consignas que no entiendo. Toma la palabra un orador alemán. Habla en su idioma.

Se supone que estoy en un lugar que representa un cementerio. Las estelas de concreto son tumbas de diferentes alturas, en las que uno está invitado a perderse para sentir aislamiento y alejarse de la racionalidad en un caos ultra ordenado. 

Mientras me interno, antes de que la altura de los bloques supere la altura de mis ojos y me vea sumergido entre ellos, diviso a la distancia la Puerta de Brandenburgo, la cúpula del Reichstag o Parlamento Alemán, a unos metros delante de mí flamea la bandera de la embajada de los Estados Unidos en Berlín.

Al otro lado de los bloques o estelas hay un centro de información. En él, en el subsuelo y por ende en las entrañas del monumento, están publicados los nombres de todos los judíos de los que se tiene conocimiento que fueron exterminados durante el nacionalsocialismo.

Miro a mi alrededor. Sobre los bloques más bajos la gente se sube, se sienta, se toma fotos. Continúo hasta perderme. Esucho risas. Gente corriendo. Veo personas que se esconden de sus acompañantes. Se oyen acá y acullá gritos de sorpresa de chicas sorprendidas por sus parejas que saltan desde detrás de alguno de los bloques. Los niños corretean. Agitación. Jadeos. Fiesta. Carrusel estático. Un parque de diversiones en formato de múltiple seplucro y color ceniza de crematorio. 

The horror! The horror! repite Mr. Kurtz.

Arriba el cielo emula el color de los bloques. A mi alrededor los monolitos están cubiertos con una sustancia anti-graffiti. La empresa contratada que la produce tiene una casa filial que producía el Zyklon-B para las cámares de gases.

Mr. Kurtz grita, aunque está desfalleciente. 

La fundación encargada de administrar el monumento calificó al mismo de imán turístico. Desde su inauguración se han encontrado esvásticas dibujadas en repetidas ocasiones. Fue tendencia entre los usuarios de una aplicación orientada a homosexuales el uso de su fotografía de perfil con el monumento como fondo. La crítica se repite por un sistema de bloques que no logra explicarse por sí mismo. Se ha reclamado que con los costos que supuso hasta se podría haber ayudado económicamente a víctimas supervivientes de la shoah que no tienen ni para vivir. 

Metido en ese monstruo de hormigón el panorama finalmente me va haciendo sentir lo que los artistas que lo diseñaron se proponían. La realidad desconectada de la razón en un caos ordenado. Aislamiento. No sé si esa sería la definición de la sensación. Pero quiero salir. Al parecer siento lo que debería sentir pero no del modo o por las razones que debería. O tal vez sí, lo que redobla el temor. 

The horror! The horror!



Berlin Alexanderplatz



Alex. Franz Biberkopf ya no te anda merodeando. Los años locos están en la estela de tu pasado. Recordará ya alguien que tu nombre procede de San Petersburgo. Me pregunto. El empapelado socialista se ha descascarado. Sobrevive algún graffiti. Inabarcable Alex. Estación, torre, reloj. Centro comercial. La plaza que se ocultaba bajo los pies de un 4 de noviembre ya no es del este. Alex. Occidental como nunca. Los cafés que te rodean ya no llevan los mismos nombres. Han cambiado silenciosamente de bloque. Sus caracteres son angloparlantes, como casi todo su público. Las antiguas huellas de Döblin, las de Fassbinder. Son difíciles de encontrar. Pero ahí estás. Gris. Como el cielo que te cubre. Rota la monotonía por el amarillo tranvía.


10/12/2013

Am Bahnhof. Danach. / En la estación. Después.


Ein Kreuz. Der Bahnhof. Von oben. Gleise, Einkaufszone, Ein- und Ausgang. Ein Kreuz. Von oben. Der Bahnhof. Eine Hand. Der Unterarm. Vielleicht. Binnen Minuten. Die Hand. Wie ein Vogel, der seinen Flug beginnt. Aus dem Eisenbahnwagenfenster. Bewegung rund herum. Menschen. Koffer. Hin und her. Der Bahnhof bewegt sich nicht. Der Körper auch nicht. Stille. Stille wie eine Palme. Eine Palme mitten der überbevölkerten Wüste. Stände. Essen und Trinken. To go. Zuhause wartet der Tee der Einsamkeit. Die Hände auf den Oberschenkeln. Wie genagelt. Die Augen. Wie auf die Gardinen genagelt. Alles in Paaren. Zwei und zwei. Aller guten Dinge sind drei. Der Zug ist noch nicht da. Stille. Blicke, die einander nicht begegnen. Unbehaglichkeit. Worte wären vielleicht noch schlechter. Lieber so. An danach denken. Zuhause eintreten. Die gleiche Stadt. Leer. Die Einsamkeit als die einzige Gesellschaft. Ein Flüstern. Der Kopf dreht sich um. War nicht für diese Ohren. Den Atem zurückhalten. Wie den Rauch einer Zigarre. Die Stille hat einen grauen Körper. Aber es ist die Kälte. Die Kälte des Winters. Die Kälte der Entfernung. Die Entfernung existiert noch nicht. Die Grenze ist der Koffer zwischen den Körpern. Groß wie die Chinesiche Mauer. So groß. So lang. Morgen wird die Entfernung wirklich. Das letzte Bild. Still. Zeitlos. Eine Postkarte. Sepia wahrscheinlich. Der Bahnhof. Ein Kreuz. Von oben. Zusammenströmen. Die eilige Mutter. Das Kind hinterher. Kämpft mit seinem bunten Koffer. Der Manager drängt, Handy auf der Hand. Die keuchende Oma. Sie will, kann aber es mit Schwierigkeiten. Junges Gelächter. Die Nacht findet ihren Zenit. Der Zug kommt. Die Nummer und die Ankunftszeit sind richtig. Wie eine Verordnung. Eine Verurteilung. Der Moment ist gekommen. Der Körper richtet sich auf. Die ersten Reisenden steigen aus. Eine Pfeife lässt sich hören. Weit weg. Ein anderer Zug kommt an. Ein anderer fährt ab. Die Hand ist noch nicht zu sehen. Vielleicht ein Teil des Unterarms. Wie ein Vogel, der den Flug beginnt. Ohne Feierlichkeit. Ohne Formalitäten. Eine Reflexhandlung. Die Macht der Gewohnheit. Eine nie geübte Gewohnheit. Eine Schullektion. Auch nie gelernt. Trotzdem kennt sie jeder. Binnen Sekunden ist sie dran. Und danach. Zuhause. Heimat soll sie heißen. Die Hände auf den Oberschenkeln. Die Augen. Sie erblicken die Hände. Die Füße auf dem Boden. Alles wie genagelt. Der Tee. To Stay. Morgen. Die wirkliche Entfernung. Zwei Menschen. Eine Stadt. Zu klein. Dann zwei Städte. Noch ein Weltall. Der Bahnhof. Der Zug, der Koffer schluckt. Der Menschen schluckt. Stimme und Stille bringen durcheinander. Jubel und Traurigkeit. Ein Fenster wird aufgemacht. Die Dämpfe des Bahnhofs. Die Kälte. Ein Film, der sich wiederholt. Einmal. Tausendmal. Die Hauptdarsteller sind nur anders. Die Hand kommt raus. Ein Handschuh eigentlich. Der sieht wie ein Vogel aus. Eine dunkle Taube, die mit ihrem Flug beginnt. Die Macht der Gewohnheit. Eine Pfeife. Der Zug. Die Räder beginnen langsam zu rollen. Der Vogel entfernt sich. Er ist nicht mehr dort zu sehen. Danach. Der Körper. Die Oberschenkel. Die Hände. Die Augen. Wie genagelt. Der Tee.
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05/11/2013

Más allá de la cámara



A J.S., visitante ilustre de este territorio meteco

Del otro lado de la mesa, más allá de la cámara y sus lentes, más allá del humo de cigarros y de inciensos, están los diálogos retomados en persona después de años. O dicho en el idioma de la amistad, de unas milésimas de segundos, tan sólo el aire que uno toma para continuar la conversación tras meditar brevemente sobre cómo respetar la dialéctica ascendente que todo intercambio del logos supone. Puedo ver, como emergiendo de entre las volutas del denso humo, a un amigo, largas caminatas junto al mar, interminables palabras, un buen vino tinto y un cigarro. Delante de la cámara, está el que no fuma. En la ausencia está la presencia, y en ella, a su vez, otra vez la ausencia.

Frente a la cámara, invisible a sus sentidos, se mueve la música al ritmo de la voz del último amor imposible que canta a garganta partida

Hallo ich bin Sehnsucht
ich bin Glück
und ich bin Not.
Hallo ich bin Herz
und ich stell mich oft tot.

Entre el humo y la cámara la única luz está en las velas y a su alrededor está el teatro. Esa superficie en la que todo está permitido porque es el espejo que refleja lo que tiene enfrente, porque no olvides que es comedia nuestra vida y teatro de farsa el mundo todo que muda el aparato por instantes y que todos en él somos farsantes. Un niño echando humo de habano, una invitación al Münchner Kabarett um 1900 o uno de los grandes cantautores alemanes rodeado de beldades en ropa sexy, una mano echada sobre una cintura, otra a un muslo. Un programa, cuaderno de notas y unos lentes que no son los de leer. Una entrada usada como pasaje de ida al viaje hacia el fin de la noche. Una noche que es la noche de Europa, más allá del caos, sumergida en el final de los tiempos, de la degradación, del salvajismo de la civilización, cobijada tras un parafraseado cartel de ingreso a Auschwitz que reza liberté, égalité, fraternité.

Una persona se acerca a mis espaldas. La presiento entre todas las personas de la estación. Me doy vuelta y como si de otra ciudad y de otro tiempo se tratara, una que nunca cambió, uno que nunca pasó, comento: ¡Ah! Pensé que bajabas por el otro andén. Y la charla continúa.

Afuera es hoy, el futuro del pasado, y la cruda noche otoñal está decorada por frías gotas de lluvia que lavan al día ausente de Helios y que propician el tecleo de las letras. Entre los repiqueteos de las gotas, como en una coreografía entre la máquina de escribir y la naturaleza nocturna, se dejan escuchar los ecos entreverados del teatro, del diálogo. Entonces Cäthe continúa cantando

Ich bin ein Dichter.
Ich bin, was ich bin.
Ich bin mein Richter.
Ich beschenk mich.
Ich bin streng.

Las luces se van apagando con parsimonia. La música termina y llega el calmo susurro de la noche. Yo comienzo a caminar en la unánime noche a orillas del Wurm, esa oscura corriente que suena a bosque en medio de la ciudad y que a medida que me voy durmiendo se transforma en rambla y océano, en vino, en cigarro, en diálogo.